ESCRITORES ARAGONESES PARA VOTACIÓN

ESCRITORES ARAGONESES

ÓSCAR SIPÁN

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“PÓLVORA MOJADA”

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XVII Premio Santa Isabel de Aragón, Reina de Portugal 2002. Diputación de Zaragoza, marzo de 2003.

(Sinopsis o reseña no encontradas)

FÉLIX ROMEO

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“NOCHE DE LOS ENAMORADOS”

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RESEÑA :

   Félix Romeo no quiso cumplir con el servicio militar obligatorio que hace unos años tenían que cumplir los varones españoles, se declaró insumiso, no quiso cumplir con el servicio social sustitutorio y como resultado de esa cabezonería tan aragonesa que le gustaba ejercer, dio con su inmenso cuerpo en la cárcel de Torrero, sita en Zaragoza, en su ciudad natal.

   Y sólo se le ocurre a él entrar en la cárcel el 14 de febrero de 1995, de ahí el título, ya que cuando conoció a Santiago Dulong era de noche, una noche fría en la que iba cargado de mantas, de humedad, de soledad, de inconformismo y de desesperación. El tal Dulong, su compañero de celda, había matado a sangre fría a su esposa María Isabel Montesiones. A sangre fría o de casualidad… Los testimonios se contradicen y lo hacen de tal forma que Félix no lo puede corroborar a ciencia cierta, por eso en la novela expone los hechos probados y lo aleatorio se lo inventa o imagina, porque imaginación es una cualidad que no le falta.

   “Éste no es un libro sobre la justicia imposible que se administra sobre los muertos, sino un libro sobre las palabras”, escribe Romeo en la novela, porque a su entender la sentencia que le condenó estaba mal redactada, como casi todas las sentencias y de eso se quejaba a menudo y así se lo espeta al juez y su cabezonería le conduciría a la cárcel. No saben escribir sentencias, probablemente porque apenas leen y mucho menos sus obras, sus libros “cojoneros”, sus libros que son como misiles que dan en la línea de flotación de la vida. Extraña es su escritura, como extraño es su libro, que trata sobre lo mal que se condena. Es un lamento de la vida.

   Noche de los enamorados es una obra breve, de frases cortas, de muchas frases de una sola palabra o de dos, de descripciones minuciosas, que más que relatar enumera lo que se encuentra y va investigando. Abandona todo lo superfluo, va directamente al grano, como si supiese que le quedaba poco de vida y no quisiera hacer perder tiempo al lector con divagaciones. Es un libro original, moderno y fundamental. Se lee tan rápidamente como se da un beso, como se bebe una cerveza o como pasa la vida cuando volvemos la vista atrás.

   Félix murió el pasado 7 de octubre recién estrenado un otoño tristón, pero nos ha dejado sus libros, su escritura y su imagen perenne en los programas culturales de La Mandrágora, ¿planta venenosa o medicinal? Seguro que él ahora lo sabrá desde donde esté. ¡Cómo se echan de menos los programas culturales que han ido desapareciendo de las parrillas de televisión! Probablemente achicharrados. Y ¡cómo se le echa de menos a él!

   Noche de los enamorados, su obra póstuma, es su libro más breve, más intenso, más original, más áspero, más… hay muchos y muchas más, pero sobre todo es su obra más transversal, más políticamente incorrecta y más “jodidamente” fascista de la literatura, como le gustaba calificar todo aquello que le gustaba o le disgustaba. Y es sobre todo una obra abierta, donde no se da nada por sentado y donde la imaginación del lector puede escoger entre los muchos testimonios que hay en ella.

   Acompaña al libro un pequeño opúsculo, una selección de textos de muchos amigos donde le recuerdan. Donde todos ellos se han puesto de acuerdo para gritar ¡Viva Félix Romeo!, justo como el título del mismo.

FUENTE : todoliteratura.com

JAVIER TOMEO

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“AMADO MONSTRUO”

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SINOPSIS :

   Saltando con fluidez del esperpento al horror, Amado monstruo registra la insólita conversación de dos personajes aparentemente muy dispares, de los que se descubre, a lo largo de sus escaramuzas verbales, un vínculo común: la obsesión por una madre posesiva. Uno de ellos, Antonio, comete a los treinta años su primer acto d e rebeldía y, desafiando a su madre que lo tiene prácticamente secuestrado, acude a una entrevista para solicitar el empleo de guarda jurado en un banco. El otro, Krugger, un jefe de personal inicialmente impasible, lo somete a un estricto interrogatorio para averiguar su capacidad para el uso de las armas de fuego, pero, en el curso de la conversación, se filtra un abominable secreto…

FUENTE : Casadellibro.com

RAMÓN ACÍN

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“MUERDE EL SILENCIO”

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RESEÑA :

   “La historia de tres mujeres a lo largo de casi 100 años en los que sufren la vida de la montaña desde la nostalgia, la alegría y la tristeza. Todo ello, con un fondo tejido con los acontecimientos claves de la historia de España del siglo XIX y XX, desde la guerra de Cuba hasta el Desastre del Barranco del Lobo en África, pero siempre anclado en el paisaje del Pirineo”. Eva Orué. Divertinajes.com

Progreso y tradición se enfrentan en “Muerde el silencio”, de Ramón Acín. Los acontecimientos del Pirineo y España se muestran a través de una familia del Valle de Tena. Ramón Acín ha situado en las tierras de su infancia y adolescencia la lucha entre las costumbres y la modernidad, para lo que se ha servido de la historia de una familia que quiere mantener intacto el mundo tradicional, el futuro y los cambios que conlleva. Todo ello ocurre en el Valle de Tena, aunque Acín aclara que “podría ser cualquier otro, porque las anécdotas no son exclusivamente de este valle”. El escenario es “el Pirineo en sí mismo”. HUESCA. En “Muerde el silencio”, el Pirineo altoaragonés se convierte en escenario de uno de los conflictos más antiguos que existen: la contienda entre la tradición y el progreso. Ramón Acín (Piedrafita de Jaca, 1953), doctor en Filología en la Universidad de Zaragoza, catedrático de Lengua y Literatura y autor de una veintena de obras, ha situado en las tierras de su infancia y adolescencia esta lucha entre costumbres y modernidad. Para ello se vale de la historia de una familia del Valle de Tena, más concretamente de la abuela Ángela, la madre Angelita y la nieta Angelina y del papel simbólico que cada una de ellas representa y que, respectivamente, es el del mundo tradicional, las ganas de mantenerlo intacto y el futuro y los cambios que lleva consigo. El libro supone la visión de alguien que ha pasado por los dos momentos por los que discurre la novela: el cambio y la tradición. En palabras de su autor, es “cómo esa persona vio el paisaje y el paisanaje de la zona en el pasado y cómo lo ve ahora, habiendo pasado 60 años entre un momento y otro”. Los tres protagonistas sumados conforman a su vez otro personaje, que recorre la historia de España y del Pirineo oscense.

   Así, tenemos constantes referencias a acontecimientos del siglo pasado como son la Guerra Civil o la de África. Estos acontecimientos pasados y la gente que nació y creció en los valles pirenaicos se ven desplazados al morir el último juez de paz del pueblo. “Aquí aparece el color negro en la novela. Empieza el negro futuro que se cierne sobre la vida tradicional”, afirma Ramón Acín. Es en este momento cuando la vida tradicional pierde otra de sus figuras representativas, que es reemplazada por la llegada de las obras hidráulicas y lo que se concibe como destrucción de su hábitat tradicional. Además, los antiguos habitantes deben enfrentarse a otro desafío: la llegada de “las golondrinas, que llegan con el verano y desaparecen con el invierno”. Estas golondrinas no son, ni más ni menos, que “los turistas, los veraneantes, los que tienen segunda residencia en el Pirineo”. Ellos son los que cambiarán la forma de vivir en el valle, sus tradiciones, sus historias y su memoria. La casa ya no será más el eje de convivencia y los vecinos del pueblo, en el que antaño se conocían todos, se convierten en seres extraños, “anónimos” con la llegada de estas “golondrinas”. Todo ello ocurre en el Valle de Tena, aunque Ramón Acín aclara que “podría ser cualquier otro porque las anécdotas no son exclusivamente de este valle, sino de muchos más”.

   Este deseo de no identificar el lugar de la acción únicamente en este valle está acompañado por el hecho de que en el libro se usen muchos topónimos reales pero no se nombre dónde están. Esto es así por el interés del autor de “no centrar la obra en ningún punto concreto que no sea el Pirineo aragonés. El escenario en el que transcurren los hechos es el Pirineo en sí mismo”. (Óscar ISARRE, Diario del Alto Aragón, 30 de Diciembre 2007).

   En “Muerde el silencio” no hay una sola historia; es una novela llena de pequeñas historias, salpicada por multitud de personajes cada cual más conmovedor. Aquí está el mozo que pierde sus mejores años saltando de guerra en guerra con el ejército colonial español; el peón que trabaja en todo lo que sale para alimentar a su prole, el aviador francés que huye de los nazis, el ingeniero madrileño que socava el valle y se lleva su mejor tesoro, el montañés pacífico obligado a construir refugios para matar, el hombre atrapado por la cazalla y rematado por la lejía, el enfermo amargado que disfruta amargando a los demás, el hombre que cambia la boina por el sombrero y la vida de señorito en zaragoza. Y detrás de ellos, mujeres; como han sido tradicionalmente las mujeres de nuestro pueblos: resistentes, sacrificadas, entregadas a su casa aun a costa de dejarse la salud y la vida. Esta es una novela emocionante de principio a fin, escrita con pasión, con intensidad, incluso con desgarro. Una novela escrita con pulcritud, con primor, con una gran riqueza verbal, pero también con ritmo y amenidad. Una novela que habla de un territorio enfrentado a cambios físicos y sociales que supondrán una ruptura total con todo lo anterior, una ruptura tan inevitable como dolorosa. Y una novela en la cual lo que menos importa es el final (Miguel Mena. “Artes y Letras”. Heraldo de Aragón. 24-I-2008)

   “Ramón Acín publica Muerde el silencio (Algaida), una novela donde narra la vida de los montañeses, la existencia llena de sobresaltos de tres mujeres (abuela, madre e hija) y aborda también el conflicto entre la ciudad y el campo. Oímos el cántico de los ríos, el temblor de aire en las plantas, la resonancia de las montañas, percibimos los amores imposibles, tempestuosos, mudos como un peñasco inabordable”. (Antón Castro. Heraldo de Aragón. Huesca)

  “Juan Goytisolo me dijo en una ocasión que para él un buen libro es aquél que cuando uno lo termina decide recomenzarlo. Éste es el caso de Muerde el silencio… libro lírico y contundente donde la peripecia vital de esta gente se narra de una forma neutra, aquí nadie juzga, no hay valoraciones morales, sólo están lo hechos fríos, duros, que entran como cuchillos en la conciencia casi sin darnos cuenta. Mientras leí la novela, evoqué la novela de William Faulkner, Mientras agonizo. La diferencia es que en Faulkner el paisaje es el que construye, quiero decir que es la muerte misma. Y, en cambio, en la novela de Acín es el paisaje quien invoca a la muerte. Después de leer esta novela, una tiene una fuerte impresión de que es la Naturaleza la que habla, el único superviviente, que mira impertérrito el sinsentido de los hombres y su breve lapso de existencia” (Paula Izquierdo. Letra Internacional)

   “La relación de Ramón Acín con el territorio físico donde habitualmente transcurre su vida suele impregnar sus obras de imaginación. Por eso no es raro que este último libro encuadre su ficción en un espacio – el llamado Valle, a secas – que, aunque mítico, concentra muchas referencias de la montaña de Huesca y del valle de Tena, tan familiar al autor. Como se sabe, la conversión de territorios reales en míticos o literarios es antigua, pero en el siglo XX recobró mucha fuerza a través del Yoknapatawpha faulkneriano, determinante, en lengua española, de otros espacios imaginarios como el Santa María de Onetti, la Región de Juan Benet, el Macondo de García Márquez, y más recientemente el “reino” de Celama, de Luis Mateo Diez… Un territorio mítico de la literatura acota una parcela imaginaria convirtiéndola en arquetipo, reconstruyéndola de modo que, sin perder una referencia reconocible de lo real -conductas, tramas, encuentros, pérdidas– presente también un contenido simbólico. Muerde el silencio narra pues una parte de la vida de ese “Valle” que, trasunto imaginario de espacios reales en las auténticas montañas oscenses, cobra sentido simbólico a través de la mirada y de la voluntad del autor… La novela, en fin, narra estilizadamente, integrando diversos espacios temporales, una historia personal de desarraigo y perplejidad, y otra colectiva, de agonía y consunción, sobre uno de esos espacios españoles, que, acaso por no utilizar el chantaje de las noblezas históricas y no fomentar agresivamente las particularidades, han conocido el deterioro y la extinción en plena contemporaneidad.

Autor texto reseña : José María Merino en Cuadernos Hispanoamericanos.

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